PARTE II
Llamé a la Sra A. Hacía bastante tiempo que no la veía. Le conté de mi “investigación”. Ella me devolvió su risita de siempre y me dijo: bien, venite.
Así que fuí. Charlamos un buen rato. Descubrí que lo bueno de hablar con este tipo de personas, es que uno no tiene que explicarles nada, ya lo saben. Esto me sorprendió, pero en ese momento no tuve miedo. Quería que me hipnotizara o me durmiera o lo que fuera para poder salir de mi, aunque sea por unas horas.
La visita no resultó como esperaba porque, aunque obtuve mucha información (Sra A. me explicó con detalle en que consistía la teoría y práctica de la Psicología Transpersonal) no experimenté la famosa Regresión. Ella consideró que no era necesario para mi cura (?). Me dijo que reflexionara, que tenía esto y lo otro, que yo era esto y aquello, que iba a superar tanta mierda y que cuando estuviera preparada y resolviera "ciertos temas", hasta en el amor me iba a ir bien y bla, bla, bla . En resumen, me dijo que me dejara de joder y viviera al día porque tal vez mañana me pisaba un 60.
Así que, un tanto despoticamente, la Sra A dió por terminada la charla. Me acompañó a la puerta y nos despedimos. Pero fue justo cuando pasé el umbral, que me dijo: esperá. Me dí vuelta y la miré. Ella sonrió contenta, y dijo: “no creas que nunca más. Hay un hombre de tu vida y es así -levantó el brazo derecho y dibujó en el aire una marca, mide ------ (autocensura), es igual que T, pero no es T, es delgado y es un tipazo. Es lo único que te voy a decir”.
La Sra A se regocijaba, estaba feliz como si hubiera descubierto algo valiosísimo en ese mismo instante en la puerta de su casa. Yo fruncí apenas el ceño, con gesto interrogativo. Pensé: quién te preguntó?. No entendí nada, ni me importó. Seguí concentrada en tratar de respirar. Le dije: bueno, bárbaro, chau.
Salí de esa casa y lo ví a mi viejo que me sonreía condescendiente y movía la cabeza de Este a Oeste, mordiéndose el labio inferior (o sea, pensaba que yo era una boba y le daba gracia). Subí al auto, le conté esto último que Sra A me dijo y nos reímos mucho. Mi papá celebró verme así con la frase: “por lo menos sirvió para que te cagaras de risa y para que yo te pudiera ver así”.
Hasta acá la cosa puede resultar un tanto patética, pero considerando que estaba “de duelo”, se puede llegar a tomar como ló(gi)ca y común cualquier ocurrencia. Incluso esta visita a la Sra A.
Lo lamentable, triste y miserable, es que después de unos cuantos meses, cuando volví a las andadas con el sexo opuesto, yo “casualmente” salía con hombres que medían lo mismo que T, o parecido. Digo que esto era casual porque “realmente” creía que así era. De hecho, tardé bastante tiempo en percatarme que yo seguía un ritual "un tanto raro", que consistía en que, si un pretendiente me gustaba mucho, no le pedía información sobre su estatura, y lo percibía mágicamente igual a T , y si el muchacho no me agradaba demasiado, le preguntaba cuánto medía y un solo centímetro de diferencia con el Parámetro T, me servía de argumento válido para descartar la posibilidad de un segundo o tercer encuentro.
Igual de triste (o quizá más) fue la vez que decidí que era una buena idea contarle a un “chico” que me gustaba (que tenía "casi casi", las mismas características del hombre de la premonición) lo que Sra A me había informado sobre la medida del amor de mi vida. Fuí nefasta: si me pasé la vida diciendo que no existe tal amor! (y si existe, quedaba confirmado que no lo estaba buscando, en el momento mismo de compartir con el otro en cuestión, tremenda información)
Sin tener noción de lo que estaba generando, hice esta especie de Declaración Mística, en la que mezclaba frases sobre lo mucho que él me gustaba y lo aportado por la bruja. Esto último así nomás, al pasar, convencida que era solo un dato curioso. Pero se ve que el que te jedi, entendió que en esto subyacía algún otro sentido o interés (aunque ni yo lo sabía, es claro que a veces soy la última en enterarme de algunas cosas que tienen que ver conmigo) porque muy inteligentemente, corrió pa´ el otro lado. Huyó sin-querer-queriendo (o totalmente adrede) de esta boba peligrosa.
Ahora, si piensan que lo peor que hice en mi estado de melancolía fue ir a ver a esta mujer, o la triste Histeria, digo historia que antes relaté, se equivocan. Porque en todo caso esta historia se puede tomar como una fabulita linda, que una vez que terminó, sirve para aprender.
Debo confesar que lo más trágico, el premio a la Miseria Full y al Delirio Cañazo, se lo lleva lo que fue realmente una putada: el alto condicionamiento que solita me construí a partir de la premoción. Esto fue que, aún después de todas las fabulas y sus respectivas moralejas, seguí mirando sólo a los tipos que eran iguales a T. Y tal vez esto no hubiera sido un “problema”, si no hubiese pasado dos años de abstinencia sexual, debido a la escasa oferta de hombres con éstas caracteristicas.
Verdadera creencia mística? O excusa histérica para no involucrarse con alguien? *
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* Este texto tiene sus años. En la actualidad, he superado por completo este condicionamiento, gracias una excelente terapia Cognitivo-Conductual, en la que tuve que realizar dos ejercicios simples, que me solucionaron el problema. Uno se trató de repetir mil veces al levantarme y mil veces antes de acostarme: “No debo creer en lo que me dijo la bruja”. El segundo, consistía en que ni bien se me presentaba un hombre con las características por ella señaladas, debía vaciarle en la cabeza el cargador de mi 38 caño recortado, cuando el tipo caía, le tenía que romper las piernas y, aunque ya estuviera muerto, debía golpearlo fuerte en la cara. Fue un tratamiento corto y efectivo, como debe ser. Altamente recomendable.